domingo, 12 de septiembre de 2010

LUDOPATIA: UN TEMA QUE NO ES JUEGO IV

Conversando con una prima mía que trabaja en un conocido casino de la ciudad como jefa de marketing, me pareció controversial y hasta sorprendente aquella campaña que lanzaron tiempo atrás acerca del “juego responsable” encabezada por Julihno, que buscaba detener a los ludópata y separarlos del resto de la clientela que solo van a “divertirse”.


Hubiera sido excelente hacerle una entrevista a la encargada de promocionar esta campaña (mi prima), pero sus jefes y su empresa guardan un total hermetismo con respecto a las declaraciones en los medios de comunicación, mucho menos si se trata de un medio que va dirigido a un publico nikkei, de donde proviene buena parte de su clientela.

¿Puede ser posible que una empresa dedicada a las maquinas tragamonedas y al juego de azar se preocupe por la salud mental de sus clientes y autorice realizar campañas como la encabezada por Julihno o lo hacen solo por cumplir con ciertas disposiciones legales?

La delgada línea que separa al jugador de fin de semana del jugador empedernido es tan frágil como la que separa al bebedor social del alcohólico o al erotismo de la pornografía. Es decir ¿Quién juzga eso?. ¿Quién se considera a si mismo alcohólico o ludópata?, si es mas bien uno mismo el que se engaña y sigue para adelante en el vicio que sea.

La fiebre del juego es una enfermedad que llegado a ciertos niveles es bien difícil curarla. Hace falta mucha fuerza de voluntad y mucho control sobre los impulsos propios para superarla, mas aun si se vive en una ciudad donde en cualquier sitio se encuentran este tipo de negocios multicolores que han llevado a la ruina a muchos.

Por más campañas que se hagan para erradicar la ludopatía, el ludópata no aceptara que lo es si es que algún miembro de su familia no pide ayuda profesional.

También para no polarizar mi opinión con respecto al tema, agregare aquella vivencia que le sucedió a mi prima cuando buscaba trabajo y al presentarse en una empresa dedicada a otro rubro y presentar su hoja de vida, fue rechazada por el gerente que le hacia la entrevista por razones personales, tratándola mal y diciéndole si no le daba vergüenza participar en empresas que se dedicaban a quitarle la plata a la gente. Ella sospecha que algún familiar de la persona que le hizo la entrevista (o quizás él mismo) ha sufrido en carne propia la perdida de su patrimonio, dejándose llevar por el único destino al que conduce la ludopatía o el juego desmedido.

Seria lo mismo que una persona cuyo familiar ha muerto de cáncer al pulmón vaya a una tienda de abarrotes y la destruya por el único hecho de que allí venden cigarrillos.

Lógicamente la industria de la diversión (tragamonedas, bingos y casinos) son fuente de trabajo para miles de personas y nadie tiene que ser discriminado ni tratado de esa manera por algún resentido que no tolera a personas vinculadas a dicha industria, ya que vivimos en un país libre en donde el juego es totalmente legal.

Uno decide si fumar o no. Uno decide si beber licor o no. Uno decide si jugar o no.

He allí la base de todo este dilema: la libertad.

Todos tenemos derecho a decidir hasta donde ir a “jugar”, nadie nos puede impedir no hacerlo. Todos gozamos de la libertad de ir a “pasar un momento agradable” a cualquier establecimiento dedicados a este rubro, ya que nos genera expectativas, nos desconecta de nuestros problemas y nos distrae.

Así como gozamos de aquel derecho de escoger, tenemos la obligación de controlar nuestros impulsos, de no dejarnos llevar por la euforia del juego, de apagarnos cuando sea necesario y de decirnos a nosotros mismos: ¡Basta ya!, ¡hasta aquí no mas!.

Y reorientar nuestros impulsos a otras actividades que generan expectativas y desconecten a las personas del mundo real.

Como escribir por ejemplo.

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