jueves, 11 de noviembre de 2010

DE SOBRES Y COMPROMISOS

Una de las cosas bonitas de vivir en el Perú es que por el efecto de centralización del país, muchos tenemos a nuestros amigos y familiares en Lima, a diferencia del Japón en donde por la distancia y motivos dispersos los familiares, amigos y conocidos viven desparramados desde Sapporo hasta Okinawa amen de otros países como los Estados Unidos o Europa.


Aquí todos estamos en nuestra inmensa mayoría en una misma ciudad y disfrutamos de una comunidad Nikkei en donde las instituciones y la misma gente no están tan apartados unos de otros lo cual es motivo de celebrar juntos las algarabías y otros compromisos. Un ambiente cálido que llama a las reuniones y a participar en muchos eventos.

Una de las costumbres heredadas por nuestros ancestros, aparte del tanomoshi, es la de colocar sobres a la hora de determinados compromisos, una costumbre que aun perdura en el Japón. Recuerdo que allá por 1998 cuando llegue a trabajar a una fabrica de Saitama, la empresa contratista había colocado en las paredes de los descansos un aviso que daba indicaciones a los peruanos (éramos como 200 en ese entonces) que a los que habían establecido lazos amicales con los japoneses les daban la recomendación de colocar sobres si eran invitados a determinados compromisos (matrimonios, velorios, nacimientos de hijos, etcétera) poniendo inclusive una “tarifa estándar” para las diferentes ocasiones. No sé que tanto éxito habrán tenido esas recomendaciones ya que en ese contingente de connacionales estábamos mezclados nikkeis, nikkeis bambas, casados con nikkeis, no-nikkeis y toda una fauna de esas que el Perú produce.

Lo cierto es que esas costumbres aun se aplican en la colectividad Nikkei, en un contexto alejado del Japón y en una situación económica en donde los compromisos abundan y el dinero escasea. Desde los compromisos formales (matrimonios, nacimientos, velorios, etcétera) hasta los menos formales (parrilladas de sonjin, polladas, sorteos, bingos, etcétera).

Si uno es dirigente, presidente de determinado sonjin o de alguna institución o simplemente figuretti y puede cumplir con todos los compromisos habidos y por haber (poniendo su respectivo sobre desde luego) y el bolsillo le alcanza, en buena hora pero ¿y que hay de los demás?

Nosotros los misios, caballero nomás rehuimos el compromiso y ponemos algún pretexto por que he podido comprobar con horror que hasta hace algún tiempo muchas instituciones o grupos prefecturales tenían la desagradable costumbre de publicar la lista de personas que habían colaborado con su respectiva cantidad, una costumbre que seria inaceptable en el Japón en donde las formas y protocolos son de una manera discreta y alturada. Es decir nos estamos “acriollando”

“Es para comprobar que todos sepan que la cantidad recaudada llegue a su destino” me respondió un nisan al que le increpé aquella indiscreta costumbre de hacer pública la lista de personas y sus cantidades respectivas. Entonces deberían poner en la dirigencia a gente que no se tire la plata. Aquí está el dilema entre la discreción y la confianza.

¿Debería entonces establecerse cifras concretas para determinados compromisos como lo es en el Japón o seguiremos con la costumbre de siempre?

La diferencia entre el Peru y el Japon en terminos económicos es que dentro de los ambientes fabriles las personas recibimos salarios similares y al llevar una vida ordenada y puntual en lo que a pagos de salario se refiere, la costumbre de dar sobres se puede sobrellevar de una manera que afecte menos nuestra economica diaria. Aparte desde luego que al convivir de una manera distante unos de otros en el Japon los compromisos o disminuyen o son casi nulos. En cambio aquí, donde los compromisos abundan, el convivir dentro de la sociedad Nikkei requiere de una buena parte de dinero al mes. Por ejemplo entre recibir los dos periodicos de la colectividad y pagar las mensualidades de dos instituciones Nikkei (si es que no se ha inscrito en algun curso o actividad) requiere de un gasto diario. Ahora si uno ha convivido mucho tiempo dentro de las instituciones ha conocido mucha gente y cada vez va conociendo mas, es decir, los compromisos van en aumento. Supongamos que uno aparte del paquete anterior tiene que afrontar solo cuatro compromisos al mes. Sumado todo esto es ya una cantidad considerable fuera del gasto diario.

¿Cómo afrontaremos las nuevas generaciones esta costumbre heredada?.

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