sábado, 7 de agosto de 2010

LA CONTAMINACION AUDITIVA.

Hay quienes afirman que el publico peruano no lee, otros afirman lo contrario, lo cierto es que para los que vivimos en Lima la contaminación auditiva es una de las razones por la cual el reducible numero de lectores que hay en la capital o toman actitudes irascibles y no absorben nada o en el peor de los casos dejan el habito.
¿Puede por ejemplo un lector leer a Vargas Llosa en una combi mientras viaja a su destino aprovechando las largas horas que uno pierde por el tráfico limeño?

Lo mas probable es que nó, siendo muchas de las novelas de Vargas Llosa escritas en una prosa compleja y no atendible entre bocinazos, gritos de los cobradores de las combis y rugientes motores.

Probablemente esta sea la razón de la “literatura light”, una nueva forma de escribir mediante párrafos cortos y yendo directamente a lo que se quiere decir, sin posibilidades de aproximarse a una función literaria que busca mas bien la hipnosis del lector, el hechizarlo y sumergirlo completamente en aquel estado de catarsis al que todo lector de un buen libro gozaría como una aventura metafísica.

La lectura y el medio ambiente que nos rodea en Lima no son propicios para que esta sea tierra de lectores. Nuestra educación y cultura ha motivado mucho esa conducta, pues desde pequeños estamos acostumbrados a no respetar el espacio auditivo del otro, posiblemente solo en bibliotecas se haga, pero lógicamente no debería ser así, ya que todos tenemos derecho a la tranquilidad y al silencio.

Basta con ingresar a una cabina de internet, a darse un paseo por una plaza transitada cualquiera o subirse a un vehículo de transporte publico para percatarse que el caótico ruido que invade nuestra ciudad esta presente en todos los rincones.

¿Podrá nuestra conciencia cívica ayudarnos a cambiar de comportamiento y respetar el espacio auditivo del prójimo evitando usar el claxon o dejando de tirar la puerta o comunicarnos a gritos?

Me gustaría soñar de que algún día la contaminación auditiva (como las otras desde luego) sea desterrada completamente de nuestra ciudad, no solo para la tranquilidad de nuestros sentidos sino mas bien para el enriquecimiento interior mediante la lectura u otras formas que requieran de cierta calma y meditación.

En fin soñar no cuesta nada.

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