sábado, 28 de agosto de 2010

MORIRAS MAÑANA



A pesar de no leer mucho la producción de libros que Jaime Bayly ha escrito en los últimos tiempos, me aventure a comprar su última novela, ya sea por la promoción que le hicieron en la Feria del Libro o por verlo en los estantes de los principales supermercados.


La novela esta escrita en un lenguaje súper light, como para leerla en un solo día. Desde luego que el alter ego de Bayly se pone de manifiesto a través de sus páginas, describiendo a personajes que sutilmente se esbozan que existen en la vida real y a los cuales el autor les tiene antipatía, describiéndolos de manera déspota e irreverente.

La vulgaridad, las escenas de violencia y el menosprecio por los personajes a los cuales el autor asesina imaginariamente son ingredientes fundamentales en la novela, pues eso hace que el lector se enganche de alguna manera al libro.

Esta novela, en donde la violencia es el eje principal del relato, hace que el autor haya dado rienda suelta a una de las principales fundamentales del ser humano: el odio, ya que a través de sus paginas ha asesinado a muchos de las personas que posiblemente en la vida real le desaten esa pasión, como en novelas anteriores ha mostrado aquel impulso homosexual del que se jacta y pregona a los cuatro vientos, siempre a través de personajes y situaciones los cuales han sido llevados a la pantalla grande.

Digamos, si un escritor tiene sed de amar y utiliza una novela para imaginar situaciones con hombres y mujeres y darle vida a personajes formando con todo esto un libro, en “morirás mañana” el autor tiene mas bien sed de odiar y ha creado una serie de situaciones en las cuales ha asesinado a sus personajes (pensando desde luego en personas reales descritas muy discretamente) y gozando al momento de describir los momentos de las ejecuciones.

Si nosotros denominamos “hacer el amor” al acto de copular, ¿Cuál seria la acción para “hacer el odio”? ¿asesinar?.

Como en las novelas anteriores Jaime (o su alter ego) ha “hecho el amor” con hombres y mujeres, tildándolo de homosexual o bi sexual, en esta novela ha “hecho el odio” a diestra y siniestra, imaginando, seduciendo y transmitiendo a los lectores esa otra pasión que nos mueve y que no distingue de sexo.

Para “hacer el odio” uno no recibiría los calificativos que recibe cuando se “hace el amor”, si lo hace con una mujer es heterosexual, si lo hace con un hombre es homosexual, si lo hace con ambos es bi sexual. Al final el odio es una pasión que no discrimina sexos y no tiene prejuicios. Por eso pienso que esta ha sido la novela que menos trabajo le ha costado escribir.

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