jueves, 12 de agosto de 2010

OKURIBITO (UNA CELEBRACION DE VIVIR)

A pesar de haber ganado el Oscar a la mejor película extranjera en el 2009, el filme “Okuribito” recién ha llegado a mis manos hace pocos días.

Había oído comentarios acerca de la película, pero valgan verdades, hasta que uno no ve la obra, no puede apreciarla y tal vez haya pasado desapercibida por la nominación de “La teta asustada” en este año.

“Okuribito” nos narra la historia de Daigo Kobayashi, un antiguo violonchelista de una orquesta que se acaba de disolver y que vaga por las calles sin trabajo y sin demasiada esperanza. Por ello decide regresar a su ciudad natal en compañía de su esposa. Allí consigue un empleo como enterrador: limpia los cuerpos, los coloca en su ataúd y los envía al otro mundo de la mejor forma posible. Aunque su esposa y sus vecinos contemplan con desagrado este puesto, Daigo descubrirá en este ritual de muerte la chispa vital que le faltaba a su propia vida.

La película se pasea por paisajes del interior del Japón (Yamagata) y nos traslada a la forma de vida de los pueblos en donde todo es mas calmado y mas familiar que en las grandes urbes japonesas, todo narrado con una carga emocional increíble, pues el trato a la muerte es delicado sea cual fuese la cultura.


Las ceremonias de despedida del nokan se muestran con una pulcritud tal que el espectador reflexiona y analiza acerca del final que todos tendremos, además de interesantes diálogos que nos hacen pensar acerca de nuestro destino “final”:

“sean budistas, hinduistas, católicos o sintoístas, la muerte no discrimina a nadie” o como la reflexión del encargado del crematorio, un hombre de edad avanzada: “la muerte es como una puerta y yo soy el portero, cuando me despido les digo….ya nos veremos pronto”.

A pesar que la muerte es un elemento constante en el filme, la idea general es la de una celebración de vivir, pues el embarazo de la esposa del protagonista nos da una reflexión de que mientras el esposo se dedica a despedir difuntos de una manera protocolar, delicada y elegante, una nueva vida vendrá a este mundo (habría que hacer una película dedicada a las obstetrices en todo caso para que sea la contraparte de esta) así como la muerte de su padre al cual nunca conoció, lo pone en una especie de dilema psicológico al asistir a su velatorio y ver como otros encargados de su labor, no eran capaces de despedir a los difuntos de forma correcta.

La sensación al terminar de ver el filme es una verdadera reflexión acerca de cuan frágiles somos y de cuan fugaz es el paso de nuestros cuerpos por esta tierra. No importa que seamos creyentes o no, la muerte es algo que no discrimina a ningún ser humano así como tampoco debería ser la vida pues al final a todos nos espera un mismo destino: cruzar aquella puerta que es el umbral de la eternidad.

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